Discurso final del jefe del Gabinete, César Villanueva, en el Congreso de la República

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Muchas gracias, presidente, muchas gracias a las congresistas y los congresistas.

La primera conclusión, presidente, es que tengo que manifestar otra vez mi agradecimiento a todas las bancadas porque he venido a conocer distintas formas de voto: el voto de la esperanza, el voto de la expectativa, el voto de la fe, todas sin duda son positivos, y les agradezco.

Pero quisiera contestar primer algunas cosas muy concretas, antes de hacer una reflexión junto con ustedes. Primer lugar, lo que me trajo, con mucho interés y con la mayor prioridad es el tema de la seguridad ciudadana. Yo no podría imaginar un trabajo de seguridad ciudadana con instituciones divididas, desmoralizadas, como es el caso de la Policía, y ni remotamente se me podría ocurrir que como Gobierno tratemos de distanciarnos de la Policía, sería imposible.

El presidente Ollanta ha señalado con claridad que hay acciones que tomar cuando hay ciertas irregularidades como se toman en cualquier institución en el Gobierno mismo, y seguramente ustedes aquí en el Congreso también, pero eso no desprestigia a la institución. Una golondrina a veces no hace el verano. Lo primero que yo señalé es que nosotros estamos con la Policía y el presidente se ha reunido con el alto mando de la Policía. Entonces no hay un resquebrajamiento de la institucionalidad, de las relaciones. Hay allí, probablemente, algunos entendidos que habría librarlos. Si es necesaria una disculpa pública, yo la doy, como presidente del Consejo de Ministros, porque las disculpas no nos hacen menos. Lo que necesito es una institución fortalecida, como la Policía, y la vamos a hacer, la vamos a trabajar. Y el hecho de pedir lo que ya ha empezado y se tiene que hacer una reforma de la Policía no implica estar castigando a la Policía, sino mejorar su capacidad operativa, los sueldos, la moral de nuestros policías. ¿Cómo podría enfrentar el tema de la seguridad ciudadana sin la Policía? Entonces, quisiera dejar eso en claro.

En segundo lugar, si vivimos de los temores, de las preocupaciones, de las sospechas, tampoco podremos construir nada por delante. El congresista Beingolea me dijo: quiero saber cómo es el tema, si respaldamos o no al ministro del Interior. Claro que lo respaldamos plenamente, empezando por el Presidente de la República y el Presidente del Consejo de Ministros, tiene todo el respaldo para actuar. Y si tiene que cambiar a los viceministros, los cambia, porque para mí lo que importa son los resultados que él nos dé y yo tengo que respaldarlo plenamente en esa función. En esas condiciones es que el ministro entra, porque lo que quiere un gabinete es ministros líderes de su sector, porque si cada ministro no tiene un liderazgo de su sector, no avanzamos a ningún sitio. Entonces, congresista, queda claro que sobre el viceministro o los viceministros tendrá el ministro del Interior la capacidad de tomar la mejor decisión, sin intervención mía. Cualquiera que sea su decisión la respaldaremos porque así es como se genera confianza y se construye la institucionalidad.

También había la preocupación sobre lo que señalé frontalmente, decididamente, con convicción y con pasión vamos a luchar contra el narcotráfico. Y ahí señalé la necesidad de un comisionado; si les preocupa la palabra comisionado, un coordinador. Pero, ¿por qué necesitamos una persona al costado del Presidente del Consejo de Ministros? Les voy a mostrar algo. En primer lugar, la creación de todas las institucionalidades que tienen que ver directa o indirectamente con este tema. Por ejemplo, Devida. ¿Quiénes forman el directorio de Devida? El presidente ejecutivo es el presidente del Consejo de Ministros o su representante, y el directorio lo conforman los ministros de Agricultura, de Economía, de Educación, de Defensa, de Justicia, de Interior, de Relaciones Exteriores, de Salud y de Transportes. Igualmente, CODEVRAEM, que es otro organismo que tiene que ver con el mismo fin. ¿Quiénes lo conforman? Los Ministerios de Relaciones Exteriores, Defensa Interior, Justicia, Economía, Producción, Agricultura, Energía, Vivienda, Comercio Exterior, Ambiente, Salud, Educación, Transportes, Trabajo, Desarrollo e Inclusión Social, Mujer, Cultura y la presidenta de Devida. Otro: CODEHUALLAGA, para el mismo fin. Tenemos a los ministerios Relaciones Exteriores, Defensa Interior, Justicia, etc. La misma cosa.

¿Cómo podemos tener una coherencia con tanto aparato? Necesitamos flexibilizar, agilizar, y necesitamos tener una conducción que pueda coordinar mientras podemos articular esto. Así se han formado las instituciones y así se ha formado y se ha deformado la Presidencia del Consejo de Ministros. Se los dice el presidente del Consejo de Ministros. La Presidencia del Consejo de Ministros se ha hecho casi como un collage. Cualquier institución al Consejo de Ministros. Entonces yo tengo un archipiélago de instituciones al interior de la Presidencia del Consejo de Ministros, tan visibles unas con otras. Y el presidente del Consejo de Ministros está atrapado en una red como la que les estoy enseñando.

Yo he señalado en el discurso con lenguaje charapa, quizás la Dra. Martha Hildebrandt puede condenarme cuando he dicho: vamos a despapelizar esta administración. Lo que estoy queriendo decir es: miren ustedes, en tres organismos, los mismos ministerios, cuántos informes tienen que preparar para la misma cosa, cuando los problemas, como el narcotráfico, van a mayor velocidad que nuestra capacidad de acción.

Por eso es que nosotros siempre estamos detrás de los problemas y no adelante, porque nos estamos cuidando de la burocracia de los papeles, y se hacen cada vez más normas porque cada vez sospechamos más entre nosotros. Queremos cuidar lo que todos llaman la transparencia como se cuida un canario bonito en una jaula, y eso nos ha amarrado, nos ha atrapado, porque desconfiamos de nosotros.

Así está la administración pública, el escenario de las grandes desconfianzas. Así estamos aquí en este emblemático escenario de definiciones políticas, de definiciones importantes para el país, pero agradeciendo la enorme generosidad de cada una de las bancadas de considerar, por lo menos, a Villanueva no podemos darle confianza, pero tenemos esperanza; no podemos darle la confianza, pero al menos un voto de fe; no podemos darle la confianza, pero tenemos expectativa. Ese es el mecanismo como se construye un país que, siendo potente como es este país, nos hace perder las oportunidades porque entre nosotros no podemos confiar.

Yo quiero decirles lo que dije en el mensaje. He venido como presidente del Consejo de Ministros a cambiarle la cara a la dirección del Consejo de Ministros. Yo no puedo estar ocupado en tantas cosas administrativas cuando tengo que construir un diálogo que refuerce la democracia. Y no lo hemos podido hacer a pesar de las buenas intenciones de todos los líderes políticos. Todos, sin excepción aceptaron este dialogo, pero estas circunstancias nos han ido postergando.

La voluntad y también la voluntad del Presidente con el presidente del Consejo de Ministros es reunirnos con todos los políticos de todas las tiendas políticas, porque la buena política hace que tengamos diferencias, claro que sí; son legítimas las aspiraciones de cada organización política para tomar la siguiente posta, claro que sí, y en buena hora que tengamos competencias porque así es la democracia, pero tenemos que pensar qué clase de país queremos tomar en la siguiente posta. ¿Un país desestabilizado económicamente? Porque la economía no es dos más dos, la economía no es la ecuación matemática, no es el reino de los números. La economía es tan sensible a las decisiones políticas que, así nosotros estemos creciendo, cuando hay un país con un ambiente de desconcierto, de pesimismo, de desconfianzas, no es atractiva para la inversión.

Entre nosotros podemos pelearnos, pero ¿qué pasa con Quispe de las zonas andinas mientras nosotros discutimos? ¿Qué pasa con tu Anama de las zonas quechuas de San Martín? ¿Qué pasa con los awajún? Hay una responsabilidad más allá de nuestras propias querencias. Cuando mi paisano amigo, Rolando Reátegui, dice “hay que hacer sacrificios”, yo digo: claro que hay que hacer sacrificios, la política es sacrificio y compromiso, pero también la política es generosidad.

Cuando uno tiene un objetivo político es bueno, pero hay cosas que trascienden más allá de los que nosotros podemos querer o aspirar. Y la generosidad está en dejar de lado momentáneamente eso, lo que no significa ser débil. Es más fuerte cuando uno asume responsabilidades superiores a nuestros objetivos partidarios.

Para mi hubiese sido muy fácil dejar un paraíso hermoso, como San Martín, una tierra maravillosa, de la cual siento orgullo. Y ¿saben por qué siento orgullo de esa tierra y por esas tierras del ande, de la costa, de punta a punta? Por algo que he dicho acá: el canon. Nadie se atrevía a discutir sobre la reforma del canon, y yo lo digo con naturalidad. ¿Saben por qué? Porque yo no estoy peleando un solo centavo del canon de Áncash, de Tacna o de Cusco o de otra región, bien por ellos que lo tengan.

San Martín no tiene canon, canon del oro, del cobre, del gas, o de la plata, no tenemos eso, pero sí tengo el canon más fuerte que hay en este país y he venido a este Consejo de Ministros para llevar mi canon a cada rincón del país. ¿Cuál es ese canon? ¿Cuál es ese diamante? Nuestra gente. Y se los digo con orgullo, no como un discurso, y se los voy a  demostrar. Y Rolando lo sabe, Aldo lo sabe, Esther lo sabe, César Irupaía lo sabe, porque vivimos y convivimos allá. ¿Cuál es? Aquello que puede ser competitivo en el mundo, sin haber pisado una universidad. ¿Cuál es? Un campesino de las montañas que deja la coca y se va por el cacao y lo único que necesita es asistencia técnica orientación de mercados y esas curtidas manos campesinas transforman ese cacao en un producto maravilloso, primeros en el mundo, no en el Perú, no en Sudamérica, en el mundo, encima de países que nosotros tenemos temor porque los vemos grandes, como Brasil, Colombia, Costa de Marfil, encima de esos países con una enorme cultura de producción de cacao mucho más que nosotros y somos primeros en el mundo en aroma de cacao.

Y, ¿dónde está el secreto? Se los voy a decir, pero que quede en este recinto. Tenemos el gran secreto de tener el cacao con el mejor aroma del mundo porque en este país los campesinos curtidos por el sol son acompañados por sus mujeres en las chacras, y las mujeres, al estar cerca de la planta y tocan los frutos del cacao, le transmiten el aroma de mujer. Por eso es que tenemos un chocolate con aroma y con la dulzura de nuestras mujeres, ese es nuestro secreto y ese es el orgullo que tenemos que gritarle a todo el mundo.

Por eso cuando se dice ‘yo quiero hacer política para que este país se desarrolle’, tenemos que llevar en el corazón otras cosas. ¿Dónde tienen ustedes las formas de reforzar nuestra económica interna? Yo les voy a decir cómo es que tenemos, con cosas simples como las que estoy diciendo, que reforzar nuestra economía. Sí señores. Aquí hay congresistas que pertenecen a zona cacaoteras, que han visitado el mundo también. ¿Cuál es el país que nos vende el chocolate más fino del mundo? Suiza, Francia, y esos países no tienen ni una sola hectárea de cacao en sus tierras. Son nuestras tierras, es nuestro cacao. Entonces nosotros no sentimos orgullosos, bacanes, comiendo chocolate que viene de Suiza, y ¿cuándo queremos hacer el chocolate de acá? Los propios funcionarios públicos cuando van a hacer las canastas navideñas dicen: Yo quiero chocolate de calidad y desechan el chocolate de nuestras montañas. Esa es la locura que tenemos. He tomado café todo el día acá, escuchando con mucho interés las intervenciones de ustedes, catorce horas creo que llevamos. Entonces todo el día he tomado café Nescafé. ¿Cuándo tendremos café de nuestras montañas, café pasado, que viene de la zona de las montañas que debería estar acá? Esas son las grandes  diferencias, que me hacen decir las cosas como son.

La congresista Luz Salgado me entregó la propuesta de un proyecto. Fideicomisos. Claro que sí, nosotros los sanmartinenses, desde hace años, hemos eliminado exoneraciones y con eso hemos formado un fondo, un fideicomiso, y con eso hemos palanqueado créditos. En San Martín hemos hecho agua y saneamiento, no palacios, no monumentos, agua y saneamiento, con créditos, que los hemos sacado en el periodo del doctor García, cuando hemos trabajado juntos. Y como dice mi amigo congresista Velásquez Quesquén, la confianza se gana. Claro que sí, yo no he venido a mendigar la confianza, he venido a decirles: hermanos congresistas, yo cierro los ojos y sueño cómo resolver el problema del VRAEM. Y ¿saben por qué tengo esa moral, esos sueños y quiero que nuestros jóvenes del Perú empiecen a soñar con los ojos abiertos? Porque en el Alto Huallaga con Sendero, con el MRTA, con las bandas de narcotráfico, hemos logrado bajar de 26 mil hectáreas, Rolando, a mil, y ya hubiéramos derrotado a cero la coca ilegal, pero nosotros siempre acá en nuestra burocracia, en nuestra manera de pensar, desde Lima, sobre la selva, sobre los andes, la gran discusión, acá está, con tanta burocracia, hemos retrocedido un poco, cuando ya estábamos en 400, hemos subido a mil.

Esas son las cosas que por indecisiones no podemos rematar. Si en San Martín se ha podido hacer, podemos hacerlo en el VRAEM. Ustedes habrán leído en libros que dicen ‘El Milagro San Martín’, ‘El Modelo San Martín’. No hay ni milagros ni modelos. Hay el sentido común. En mi región nadie sobra y ahora que soy Presidente del Consejo de Ministros quiero decir que en el Perú nadie sobra, nos necesitamos todos. Nosotros nos anulamos solamente con estas confrontaciones, por eso con absoluta convicción y pasión, he venido a hacer el esfuerzo de buscar el diálogo, la concertación, antes que la confrontación. Yo no tengo alma de juez ni de fiscal… de decir: este es culpable, este hace estas cosas. Mi responsabilidad es de aquí hacia adelante y por eso júzguenme. Yo no he venido a perder mi tiempo siendo Presidente del Consejo de Ministros para hacer cosas administrativas, yo he venido a soñar junto con ustedes, a ilusionar nuevamente a los jóvenes con la política, a sentir que sus líderes son capaces de mirar entre la oscuridad como Manuel Scorza nos dice en El Nictálope.

Soñemos juntos, trabajemos juntos. Yo no soy el que sabe todas las cosas. Por eso los necesito, por eso necesito al general Salazar para que su experiencia en seguridad ciudadana nos alimente y nos soporte. Sí, señor. Necesito al congresista Tubino para que juntos como amazónicos pensar en esa tierra del verde esperanza, como el voto que me han dado por acá. Necesitamos trabajar juntos. Las camisetas políticas terminan en el momento en que se cuenta el último voto, y de ahí para adelante, hasta las próximas elecciones, tenemos que trabajar juntos, y si no somos capaces de hacer eso, no somos capaces de hacer nada.

Vivimos siempre mirando hacia atrás. Yo soy un amazónico que aprendió a cruzar aguas turbulentas y lo vamos a pasar, pero necesitamos pasar el río junto con ustedes. ¿Tenemos fallas? Claro que tenemos fallas. Total, falla, comete errores, el que hace. El que mira desde el balcón ya se va a caer, porque no hace nada arriba.

Yo venía soñando en hablarles de los proyectos. Un amigo congresista por allí dice: César nos ha dicho el qué, pero no nos ha dicho el cómo. Bueno pues. Si yo tuviese tiempo, les daría el cómo. He dicho con palabras sencillas el cómo. Cómo podemos superar la coca con otros productos como el cacao y lograr ser competitivos. Cómo podemos lograr superar las cosas.

En este tema del canon, todos los congresistas que tienen el privilegio de tener una región con canon, cuando hemos empezado a hablar de la necesidad de reformar esto, dijeron: ¡Ah! El presidente de la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales, que en ese tiempo era yo, quiere modificar el canon para llevarse una parte de nuestro canon. No, señor. No, congresista Rimarachín. Con todo gusto, yo le voy a decir el cariño que le tengo a Cajamarca por varias razones. Primero, porque, como Villanueva, la mitad de este cuerpo es cajamarquino, y por Arévalo, son charapa, y las dos cosas están en mi sangre. Por eso es que somos un país andino-amazónico con mucho orgullo. Y quiero decirle que en San Martín nosotros tenemos uno de los distritos más grandes, incluso que la provincia de Rioja, que se llama Nueva Cajamarca y tengo más de 80 mil cajamarquinos en San Martín. Si ustedes me pudiesen pasar, de Cajamarca, un poco de  su canon, yo les doy más escuelas, más caminos, más salud, pero no tengo ese privilegio, y tampoco me estoy quejando porque si van a san Martín es porque tienen una tierra que la ven promisoria.

Entonces tenemos que buscar la racionalidad de las cosas. Yo propongo, con muchas ganas, la necesidad de reformar el canon porque en la casa misma regional donde se produce esta riqueza, he dicho, hay distritos pobres que ven pasar los camiones de los minerales hacia los puertos, pero pasando por esos distritos que comen el polvo de la pobreza. ¡Cómo no va a haber inequidades sociales y diferencias sociales! El resto es teoría. Vamos a cambiar eso juntos, vamos a soñar juntos con un país. Ustedes son los que hacen las leyes, ustedes han aprobado las normas del canon. Acá tenemos que venir, y si juntos no pensamos, juntos no soñamos, entonces no podemos cambiar las cosas y toda posibilidad de hacer esas normas es diferente.

Todo lo que sé no lo he estudiado en doctorados, lo he estudiado en la vida misma. He aprendido de Fernando Belaunde Terry que amó la selva, soñó con la Marginal, que demoró más de 30, 40 años, y hasta el día de hoy no podemos sellarlo totalmente, pese al esfuerzo que estamos haciendo para culminar el asfalto. Y ¿por qué ha demorado 40 años una carretera emblemática para el Perú, mi querido paisano de Cajamarca? Por la mezquindad política. Porque cada gobierno quiere dejar lo que el otro empezó para generar su propio monumento de proyecto. Así hemos un país corto, así hemos un país donde la pobreza nos fue ganando. Así es, pero aprendí de ese hombre a mirar la selva con mirada de futuro y soñadora.

Aprendí de Armando Villanueva en asambleas populares en San Martín, conjuntamente con Salinas, donde participamos para pensar en este país, en los problemas. Y para mí es un hombre emblemático, no por ser Villanueva, sino por su madurez y su capacidad política de hacer las cosas y su generosidad. Lo mismo con el ingeniero expresidente Fujimori. He participado con él en el programa Concertando cuando muchos de ustedes todavía no conocían la organización política del presidente Fujimori. Fue cuando tenía el programa cuando era rector de la Universidad Agraria y participé con él en los debates sobre la Amazonía, sobre el territorio nacional, y juntos también hemos soñado estas posibilidades.

Los problemas que cada uno pueda tener quedan al margen y los recuerdos de una enseñanza política son los que quedan. Si queremos construir este país, tenemos que aprender a unirnos, tenemos que aprender a soñar juntos, eso no marcan nuestras diferencias.

Quiero decirles, de manera final, nunca me he sentido tan bien y tan halagado como esta tarde y esta noche, porque todos los votos sean de esperanza, como somos los amazónicos, verde como el color de la esperanza, sean de la fe. Yo soy un hombre que ha podido romper las dificultades solamente con dos letras: la f y la e. Cuando esas dos letras entran en el corazón y en la cabeza rompen las montañas de las dificultades. No he tenido la riqueza que tienen otras regiones y en San Martín, Rolando, Aldo, Esther lo saben. Quizás, a veces, lo que sucede es que cuando tú tienes el oro al costado, la plata, el petróleo o el diamante, te mareas, te adormece, y nosotros hemos tenido que desarrollar nuestra imaginación y nuestra creatividad para poder salir adelante. Por eso es que amo a mi gente, por es que creo que podemos contagiar nuestros sueños, nuestra ilusión. Contagiemos.

La mochila que llevó atrás, según nuestro amigo congresista Salazar, es una mochila pesada. No lo es, congresista. Con estas palabras ya boté toda la mochila de pesos y de lastre atrás, porque tengo la fe, tengo el optimismo, de que ahora nos agarramos juntos, y esa carga pesada ahora se vuelve liviana para mirar juntos el futuro.

Querido presidente del Congreso, agradeciendo a todas las señoras, señoritas y señores congresistas, por sus opiniones y sus críticas. Catorce horas los he escuchado con enorme satisfacción porque, de cada una de sus expresiones, he aprendido y seguiré aprendiendo de ustedes. Y por eso mismo, sé que vamos a marchar juntos en este barco, no tengo ninguna duda. Ustedes le pueden llamar: espérate un rato, te quiero ver como actúas y después te doy la confianza. Si quieres hacer eso, hazlo, y te respeto, y te espero más allá en el camino porque nos vamos a volver a encontrar, pero ya con una confianza total. Lo ideal sería ahora confiar. Si ustedes, de alguna manera, han sido generosos en su expresión, ayúdenme pues. Ayúdenme, no me miren desde el balcón. Alentándome desde el balcón necesito ir con ustedes por el camino, por el terreno, por las montañas, por nuestros andes. Vamos caminando. Camino se hace al andar.

Por eso, presidente, luego de esta enriquecedora reunión y de acuerdo a lo establecido en el artículo 130 de la Constitución, planteamos, respecto a la política general del Gobierno y las principales medidas que requiere nuestra gestión, la cuestión de confianza a este honorable Congreso. Eso es lo que pido, presidente, la confianza, sin vacilación, sin duda.

Gracias, presidente.

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